domingo, 5 de agosto de 2012
VICTOR HUGO MORALES,YO CREO EN EL
In Gold we trust/
Esta frase que es un himno de ciertos grupos empresarios con los cuales te has enfrentado (perdón por tutearte) debería encabezar la primera plana de algunos medios (Clarín, Nación, Perfil) entre otros.
En realidad yo creo que estos grupos no creen en nadie más que en sí mismos y lo que hoy los une, "la comunión de intereses espúreos", mañana puede enfrentarlos.
Tengo 57 años y en mis veinti tantos, me despertaba con radio Belgrano y Aliverti junto a ese joven colaborador, prometedor de un periodismo nuevo y valiente llamado Jorge Lanata. Si Frondizi fue comunista en su juventud y todos sabemos en que extremo terminó, a pesar de haber sufrido en carne propia la ejecución miserable y traicionera de su hermano (¿fue quizás esto un shot tan grande que le lavó el cerebro?, o un a variante rebuscada de un sindrome de Estocolmo que le produjo terminar cuasi aliado de las ideas que terminaron con una vida tan preciada y valiosa para la humanidad).
¿Y qué fue lo que transformó al Lanata de los ochenta en el Lanata del 2012? Creo que su inmenso EGO lo secuestró y se apoderó de su mente transformándolo en esto que hoy pasea por los pasillos de Burundandia, ese país que dominan los medios monopólicos y donde la moneda de cambio es la obsecuencia, sumisión y degradación de todos los valores no contables y acumulables en especias. Hay gente que no puede con su ego, gente muy pequeña, muy débil, a pesar de que en algunos momentos pudieran parecer valiente y heroicos.
Víctor Hugo, qué nombre notable y parafraseando a tu homónimo «La cuestión social sigue en pie. Es terrible, pero simple, ¡es la cuestión de los que tienen y los que no tienen!», te estás enfrentando a "los que mucho tienen" en una lucha desigual. Podrás perder en esta tierra y en esta época, pero tu lucha ganará en los tiempos como lo han hecho los grandes luchadores que utilizaban cómo principal arma la honestidad y la verdad.
Recibe el apoyo de este humilde ciudadano que cree en vos y en tus convicciones.
Un abrazo,
Sergio Kohan
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