jueves, 5 de noviembre de 2015

PARA LEER Y REFLEXIONAR


Universidades

 Por E. Raúl Zaffaroni
Nunca fue tan claro como en este siglo XXI que saber es poder, algo que las elites siempre supieron. En la Argentina nunca tuvimos aristocracia y hoy ni siquiera tenemos oligarquía, sino sólo una aspiración elitista de alguna riqueza concentrada que sintetiza su pensamiento bajo el lema de no avivar giles.
La polarización del siglo XX está sepultada en el pasado y lo que se discute hoy en el mundo es inclusión o exclusión o, en otras palabras, progreso o regresión en la realización de los derechos humanos. Por obvia que sea la fórmula todo ser humano es persona, lo que se discute mundialmente es si avanzamos o retrocedemos en su realización.
Como en nuestro país y en los últimos doce años se están avivando demasiados giles, es verdad que eso es peligroso para el proyecto transnacional de sociedad excluyente.
Cuantos más habitantes sepan y aprendan algo, más instrumentos tendrán para obtener sus derechos, cuando ya no hay zares ni palacios de invierno para tomar, porque el único palacio de invierno de nuestro tiempo es el saber.
Las distancias entre las naciones como entre las capas sociales internas, no las determina sólo la riqueza, sino que se marcan con discriminación en el saber, en la tecnología y en el know how.
Para nuestros propulsores locales del modelo de sociedad excluyente (30 por ciento incluidos, 70 por ciento excluidos), las universidades del conurbano bonaerense y las creadas en las provincias, son peligrosas fuentes de conciencia ciudadana y de reparto del know how.
Al modelo de sociedad excluyente se le impone contener la expansión del saber, para frenar la reproducción de potenciales propulsores de la inclusión social.
Es comprensible que desde el modelo excluyente se quejen de la existencia de demasiadas universidades públicas y gratuitas y las consideren un gasto inútil, aunque si fuesen más sinceros, tendrían que considerarlas un gasto perjudicial, porque son eso para su proyecto de exclusión.
Los argentinos disfrazados de aristócratas siempre resistieron la ampliación del acceso a la universidad, que desde la Reforma Universitaria de 1918 hasta el presente avanza enfrentando sus aspiraciones elitistas.
Es natural que se pongan muy nerviosos al constatar que el 90 por ciento del estudiantado del conurbano es una primera generación de universitarios, que gran parte proviene de hogares humildes, que recorren calles de tierra, que trabajan.
Siempre les molestó la gratuidad de la enseñanza universitaria. Cabe recordar la fugaz gestión de López Murphy en 2001, aunque hoy ese discurso se oculte por poco táctico.
Pero el acceso a la universidad no se garantiza sólo con que la universidad no cobre aranceles, porque es igualmente inaccesible si el estudiante debe pagar transporte, libros y materiales, viajar dos, tres o más horas y también trabajar. Menos aún es accesible para quien en alguna provincia, directamente deba mudarse a otra ciudad.
El no pago de aranceles es necesario para el acceso a la universidad, pero en modo alguno suficiente. Las universidades del conurbano y las nuevas nacionales en provincias, están llevando la enseñanza universitaria hasta donde nunca había llegado: el barrio, la propia ciudad, el municipio.
¡Demasiadas facilidades! ¡Lo gratuito no se valora! ¡Sólo se valora lo que se obtiene con sacrificio! No lo dicen en voz alta nuestros aspirantes a elitistas, pero lo piensan y susurran en la intimidad confidencial favorecida por algunos rubios champanes.
Herbert Spencer, el ideólogo racista del liberalismo económico del imperialismo británico del siglo XIX, decía lo mismo: la enseñanza no debe ser gratuita, porque no se valora y aprenden a leer libros socialistas. Su discurso fue acogido en su tiempo por todas las oligarquías de nuestra región.
¿Sacrificio? Estudiar requiere un esfuerzo que debe exigirse, pero el sacrificio jamás puede exigirse. Los que se sacrifican son meritorios, se los considera héroes y hasta se los eleva a los altares, pero ninguna sociedad puede exigir sacrificios, y menos para capacitarse. ¿O es que los pobres deben ser héroes para aprender y los ricos no?
Lo que alarma a nuestros procónsules del modelo transnacional de sociedad excluyente es, justamente, que estudiar vaya dejando de ser un sacrificio para los sectores subordinados, y tengan el mismo acceso a la formación universitaria que los segmentos acomodados. Con las nuevas universidades sólo se tiende a exigir paridad de esfuerzo, y por eso tienen miedo, no sea que los otros se esfuercen más.
Si nuestras aspirantes a elitistas realmente quisiesen el desarrollo y la afluencia de capital productivo, si en serio pensasen en la industrialización, no considerarían inútil el gasto en universidades, porque el capital productivo requiere elemento humano técnico, bien preparado. Las universidades son una inversión para el desarrollo industrial, pero ellos prefieren abrir la importación.
Aducen nuestros vernáculos imitadores de elites lejanas que hay un despilfarro, porque hay deserción universitaria. Mienten mucho al respecto, pero además, si la hubiera, tampoco sería un gasto inútil. Quienes deserten, de alguna manera llegaron a la universidad y, aunque no egresen como profesionales, serán mañana trabajadores, o también dirigentes, sindicalistas, políticos o empresarios. ¿Será acaso un gasto inútil que hayan pasado por alguna universidad? ¿No será útil que en la actividad que emprendan sepan algo más?
Otra cosa que les preocupa es el nivel, aunque nunca hayan manifestado la misma preocupación por el de las universidades privadas.
Pero al margen de eso surgen otras dudas. ¿Acaso no saben que no hay país en el mundo, por poderoso que sea, que no tenga más que un escasísimo número de excelencias creativas en cada rama del saber, y que los otros docentes universitarios son repetidores más o menos informados? ¿No saben que las pocas cúspides científicas que cada país tiene se reparten y las universidades se especializan?
¿No será que en vez de discutir una cuestión de nivel académico, están discutiendo un modelo de universidad? Si lo que pretenden es una universidad de altísimo nivel, que concentre las excelencias, para que en ella se forme el think tank de una minoría hegemónica, tienen razón, porque ese no es el modelo de universidad pública y gratuita que requiere una democracia.
Por otra parte, parece que también ignoran que buena parte de los científicos y pensadores del mundo que revolucionaron su saber, trabajaron en universidades pequeñas y provincianas, mientras no pocas veces los catedráticos de las grandes universidades les ofrecieron resistencia, en defensa retrógrada del saber oficializado.
Pero además de todo lo dicho, es menester advertir que no estamos solos en este mundo polarizado entre modelos de sociedad incluyente y excluyente y, por ende, los modelos de universidad deben enmarcarse en esa contraposición.
En la carrera de derecho, por ejemplo, la reducción de los estudios del primer ciclo universitario a cuatro años, acordada en el famoso Plan Bolonia europeo, elimina todas las asignaturas que hacen a la formación histórica, sociológica, filosófica y cultural, para producir solamente abogados tramitadores.
Si bien los dos ciclos siguientes habrán de producir a los juristas, éstos serán los menos y, al fin, su trabajo consistirá en reproducir tramitadores. Centrados en esta tarea, es lógico pensar que sus elaboraciones serán cada vez más pobres y mucho menos críticas, limitadas a visiones parciales, tecnocráticas y funcionales a las corporaciones oligopólicas que se disputarán los servicios de los mejores tramitadores. Por ende, la subestimación de nuestras universidades públicas y gratuitas no es una creación intelectual de nuestros aspirantes a elitistas, cuya inventiva sólo les alcanza para copiar discursos ajenos, sino ecos de peligrosas tendencias transnacionales.
La Argentina debe optar en pocas semanas entre dos proyectos: progresión o regresión, inclusión o exclusión social. ¿Preferimos la aspiración elitista fomentada por nuestros medios monopólicos entramados con el capital financiero transnacional, o aspiramos a una sociedad con base total de ciudadanía real?
La crítica a la ampliación de la universidad pública y gratuita proviene de la aspiración excluyente.
Estemos atentos a los cambios: si muchas veces la consigna fue la defensa de la universidad pública y gratuita, en esta opción no basta con eso, sino que se trata de defender también la igualdad real en el derecho de acceso al saber, como reafirmación de la democracia. La universidad de una sociedad incluyente debe ser pública, realmente gratuita y, por ende, democrática. Seamos conscientes de que en nuestro tiempo la revolución se hace mediante la toma del saber.

jueves, 19 de marzo de 2015

GERENTE BANCO SUPERVIELLE CERO SOLIDARIA

Deseo quejarme po la FALTA DE HUMANIDAD de la Gerente del Banco Supervielle sucursal Medrano y Diaz Velez.
Mi madre cobra su jubilación y pensión allí desde siempre, ha tenido plazos fijos peros por su salud muy deteriorada se ha quedado sin otros recurso que su jubilación. Vive a dos (SI DOS CUADRAS) CUADRAS EXACTAS Acuña de Figueroa 296 3ro A y desde hace tres meses está con oxigenoterapia e internación domiciliaria. Yo soy apoderado de la jubilación (lo era también de mi padre) pero al morirmi padre pasó a recibir la pensión a la misma caja (por pedido nuestro ya que siempre el Banco fue muy eficiente en todos sus trámites al menos bajo otras gerencias). Como no soy apoderado de la pensión cada tres meses llevaba a mi madre en silla de ruedas a firmar la supervivencia pero al agravarse no puedo hacerlo ya que hay falta de mochilas de oxígeno y no puedo trasladar un tubo de un metro setenta. Hoy fui con un certificado médico e historia clínica pidiendo por favor se me permitiera llevar los recibos para firmar o me acompañara un empleado del banco los docientos metros para que en su presencia mi madre firmara (hoy había muy poca gente) y con total frialdad la gerenta se negó al procedimiento y ni siquiera se dignó a atenderme. Yo soy bioquímico hago guardias, y trabajo 14 horas por día, me es muy complicado ir al ANSES a regularizar esto. Me veo obligado a trasladar mi madre en ambulancia por dos cuadras para cumplir con la falta de voluntad y humanidad de una persona que a mi parecer no cumple con los requicitos de sensibilidad y solidaridad que suelen tener tener (al menos hasta antes de esta persona) los Gerentes de tan prestigioso Banco. Se que actuó bajo las normas legales pero CERO SENSIBILIDAD sobre todo que hoy a las 10 había muy poca gente.
Con todo mi respeto,

Sergio Luis Kohan

domingo, 15 de febrero de 2015

ESTA ES MI PROPUESTA

LA TIERRA ES PARA EL QUE LA TRABAJA:
El Estado debe comprar la tierra ociosa y distribuirla en cooperativas de trabajo administradas (o controladas) por el mismo Estado asegurando la compra de los producido con un seguro por desastres naturales.
EDUCACION PUBLICA GRATUITA Y DE CALIDAD:
El Estado debe tutelar la Educación fijando los mas altos estándares pero al mismo tiempo asegurando el libre acceso al conocimiento segun limitaciones propias. Salarios acordes (decentes) a los docentes estimulando y recompensando las permanentes capacitaciones de los mismos. El CBC no debe ser un filtro o barrera para la Universidad. Debe ser un elemento de inclusión y estímulo para las distintas carreras. Se deben crear y fomentar nuevas carreras acorde a la época que actualmente sólo ofrecen instituciones privadas.
SALUD PUBLICA Y GRATUITA:
Se debe promover el acondicionamiento de TODOS los institutos de Salud con las últimas tecnologías y con el mejor personal posible. Los cargos deben ser full-time y muy bien remunerados. Auditar las LICITACIONES para evitar los sobreprecios y las coimas. Controlar el manejo de los recursos y evitar el uso de ellos para beneficios propios (que los Bioquímicos no usufructen el laboratorio para hacer negocios propios, al igual que los farmacéutico ni los médicos se roben los pacientes para sus consultorios particulares). Crear un Sistema Nacional Integrado de Salud como el propuesto por el Dr. Liotta en 1973 actualizado a la época. El salario de los profesionales de la salud debe estar acorde a sus estudios y dedicación.
TRANSPORTE PUBLICO REGENTEADO POR EL ESTADO:
El transporte público debe ser regenteado por el Estado (qué diferencia hay si ahora ya lo está subvencionando) poniendo especial dedicación a la seguridad, confort y frecuencia de los móviles. Choferes con salarios dignos y acordes.
Estimular y mejorar TODOS los medios de transporte.
ENERGIA Y AGUA EN MANOS DEL ESTADO:
La Energía y administración de los recursos hídricos es un BIEN PUBLICO y estratégico. NO PUEDE ESTAR EN MANOS PRIVADAS Y MENOS EXTRANJERAS. El Estado debe regentear y controlar estos recursos com mayoría en TODO tipo de sociedad. Promover otras fuentes de Energía no tradicionales (solar, aeólica).
BANCA NACIONAL (AUNQUE LE DUELA A MUCHOS):
La Banca debe estar nacionalizada (auditada). Puede haber Bancos privados de capitales argentinos de distintas ONG (Sindicatos también, por qué no?). Es la única forma de terminar con la especulación financiera. Permitir a la banca extranjera tener representaciones para intermediar negocios con el exterior pero NO ingerencia en la actividad nacional.
VIVIENDA:
Fomentar y estimular (con proyectos del Estado) la creación de vivienda no sólo para compra sino también para alquilar. Donde el alquiler no pueda superar el 30% de los ingresos (debe ser acorde al tamaño de la familia) y de ser necesario subvencionar la diferencia.
Crear urbanizaciones periféricas (tipo Ciudad Evita) que puedan funcionar autónomamente pero de rápido acceso a las grandes urbes donde se desarrollan las actividades de los habitantes de esas ciudades.
SEGURIDAD:
Fomentar el desarrollo académico de los componentes de las distintas fuerzas de seguridad fomentando el conocimiento de todos los integrantes de las distintas fuerzas (fundamental Policía) y con sueldos acordes y dignos.
JUSTICIA:
INDEPENDIENTE pero NO VITALICIA.
IMPUESTO A LAS GANANCIAS:
TODOS SIN EXCEPCION PAGAMOS IMPUESTO A LAS GANANCIAS PERO ACORDES A LOS INGRESOS (SIN EXCEPCION). ESTE VOLVERA EN OBRAS (PERO DEBERA VOLVER SI O SI).


Esto es un resumen de mi idea. NO ANULO LA ACTIVIDAD PRIVADA. Pero debe estar regulada.
ELIJO COMO MODELO EL DE NORUEGA (ANTES DE CRITICAR LEAN COMO ES EL MODELO, PUEDEN VER UN RESUMEN EN EL INFORME KLIKSBERG DE CANAL ENCUENTRO CUANDO SE REFIERE A NORUEGA)

OBVIAMENTE PARA TODO ESTO SE NECESITA HONESTIDAD Y SOLIDARIDAD

POR ULTIMO LOS FUNCIONARIOS PUBLICOS Y LEGISLADORES DEBEN ENVIAR SUS HIJOS A ESCUELAS PUBLICAS Y UTILIZAR HOSPITALES PUBLICOS.

CUANDO EJERCEN LA FUNCION (LEGISLADORES) deben mantener el salario que tenían antes de ocupar la misma

lunes, 9 de septiembre de 2013

NOS MATARON A KEVIN



 

Sólo nueve años,
Nueve sólo nueve.
Una bala perdida,
Un tiroteo mas.
No es sólo un pibe mas.
Es un pibe menos
Entre los miles
Y millones
Que no llegarán.
No es en Siria,
Ni Afganistán,
Ni en el Sahara.
Fue en Zavaleta.
Escondido,
Temeroso de este
Mundo de mierda.
Escondiéndose del peligro.
Pero el peligro fue hacia él.
Kevin y sus nueve años de vida,
Sólo nueve años.
No existen las balas perdidas
Cuando las fuerzas de inseguridad
Miran hacia otro lado.
Hoy no me hablen de justicia.
Hoy no me hablen.
Hoy no.
Hoy es otro día mas de mierda
y de injusticia
Para los que nunca HABRÁ JUSTICIA.
Los perdidos de esta Argentina oculta.
KEVIN,
Nueve años.

miércoles, 28 de agosto de 2013

CERDOS Y PECES POLITICOS

 

Todos son perros políticos
Cerdos y peces políticos
Y la basura es política
todos son sueños políticos
y la enseñanza es política
Y me despierto en un vómito
todos son vómitos políticos
Y la esperanza es política
y me atormento en un cerdo
Y es un cerdo político
Y me transformo en mil peces
y ellos son peces políticos
Y ya me ahogo en el fango
Y es el barro político
y me reviento el cerebro
Es un cerebro político
Ya no me duermo con nada
Sin esperanza política


domingo, 5 de agosto de 2012

VICTOR HUGO MORALES,YO CREO EN EL

In Gold we trust/ Esta frase que es un himno de ciertos grupos empresarios con los cuales te has enfrentado (perdón por tutearte) debería encabezar la primera plana de algunos medios (Clarín, Nación, Perfil) entre otros. En realidad yo creo que estos grupos no creen en nadie más que en sí mismos y lo que hoy los une, "la comunión de intereses espúreos", mañana puede enfrentarlos. Tengo 57 años y en mis veinti tantos, me despertaba con radio Belgrano y Aliverti junto a ese joven colaborador, prometedor de un periodismo nuevo y valiente llamado Jorge Lanata. Si Frondizi fue comunista en su juventud y todos sabemos en que extremo terminó, a pesar de haber sufrido en carne propia la ejecución miserable y traicionera de su hermano (¿fue quizás esto un shot tan grande que le lavó el cerebro?, o un a variante rebuscada de un sindrome de Estocolmo que le produjo terminar cuasi aliado de las ideas que terminaron con una vida tan preciada y valiosa para la humanidad). ¿Y qué fue lo que transformó al Lanata de los ochenta en el Lanata del 2012? Creo que su inmenso EGO lo secuestró y se apoderó de su mente transformándolo en esto que hoy pasea por los pasillos de Burundandia, ese país que dominan los medios monopólicos y donde la moneda de cambio es la obsecuencia, sumisión y degradación de todos los valores no contables y acumulables en especias. Hay gente que no puede con su ego, gente muy pequeña, muy débil, a pesar de que en algunos momentos pudieran parecer valiente y heroicos. Víctor Hugo, qué nombre notable y parafraseando a tu homónimo «La cuestión social sigue en pie. Es terrible, pero simple, ¡es la cuestión de los que tienen y los que no tienen!», te estás enfrentando a "los que mucho tienen" en una lucha desigual. Podrás perder en esta tierra y en esta época, pero tu lucha ganará en los tiempos como lo han hecho los grandes luchadores que utilizaban cómo principal arma la honestidad y la verdad. Recibe el apoyo de este humilde ciudadano que cree en vos y en tus convicciones. Un abrazo, Sergio Kohan

miércoles, 18 de julio de 2012

PAJAROS SIN LUZ

Pájaros sin luz Por Claudia Rafael Martes, 17 de Julio de 2012 09:45 Enrique-Carrasco-sj-12(APe).- Berreó sin más en el torno. Tocaron la campanilla. Desde el interior, un empleado gris y aséptico hizo lo que era costumbre: mover el armazón giratorio de madera y apareció él. A alguien se le ocurrió llamarlo Manuel Juan, el sin apellido. El niño puesto afuera. Desde el anonimato más profundo. Ex-positus. Así de simple. Compartiendo identidad con cientos, con miles que año tras año pasaron por esa vieja casona. Manuel protagonizó una fuga tras otra. Vio morir a tantos iguales a él. Escapó de la familia sustituta que le impusieron. Y creció. Y creció. Y escapó. Y trabajó en una panadería, en el ferry, fue aprendiz de pastelero. Y se hizo poeta. Y más tarde director de teatro. Y entre medio, anarquista y soñador. Parió dos bellos hijos junto a “Lucha” como se la conocía a Rafaela del Giúdice Cafaro. Que le cantarían después toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado, eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado como un pájaro sin luz. *** A.D tiene 13 años. Sigue perdido. Anónimo. A los ocho se fue por primera vez y lo encontraron nueve meses más tarde. Hundido -como tantas veces estaría en el futuro- en las drogas que lo sacaban por segundos, por minutos a veces, del cepo de una vida de ferocidades. “No sabía lo que era la droga hasta que me explicaron lo que le había pasado a mi hijo. Pero la verdad es que no lo podía entender. Desde ese momento empecé a pedir ayuda para que fuera asistido, tanto en el juzgado como en la comisaría, pero nunca nadie me brindó una solución”, denuncia Romina, la mamá. “Por momentos es dulce, me abraza y me pide que no lo deje solo. Después se vuelve agresivo con sus hermanos y regresa a la calle”, relata la mujer. Entró y salió de las estructuras del Estado miles de veces. “Lo encontraban en la calle con sobredosis de drogas y hasta desnudo. Tengo miedo de que un día aparezca muerto o lastime a alguien”, le contó Romina a Julián Axat, defensor oficial de La Plata. La última de tantas internaciones lo encontraron aislado y con mucho frío en una habitación de Ferromed, una clínica del gremio ferroviario en Junín. Silvio Echarri, defensor oficial de esa ciudad, contó que estaba en “una habitación de aislamiento, sin poder salir de allí excepto para recibir la alimentación junto a otros jóvenes alojados, sin contar con baño propio y pasando mucho frío por las noches, solicitando se lo traslade a las habitaciones junto con los otros chicos (…) Se trata de un lugar en pésimas condiciones de habitabilidad, limpieza o higiene, iluminación, calefacción y ventilación, sin baño propio, y lugar adecuado para descansar. Dado el actual período invernal, no cuenta con calefacción, es más, en la parte superior de la pared que da hacia el exterior posee un ventiluz totalmente abierto, sin vidrio o cerramiento alguno...” El Estado presente hasta la médula está terminando de forjar a A.D. De doblegarlo ante esa indómita libertad de la calle en la que las drogas lo buscan, lo seducen, lo interpelan todo el tiempo. El Estado sigue presente en A.D. Lo trasladaron a la sala de infectología del Hospital de Niños de La Plata del que “A.D. hizo abandono de tratamiento unilateral, de ninguna manera se puede hablar de una fuga ni mucho menos de abandono de persona”, se defendió la Secretaría de Niñez desde un discurso falaz y en las antípodas de la ternura y el abrigo. A.D. sigue perdido. Hundido en las brumas del sistema. Ensombrecido y muerto de miedo. *** “Juan es una fotografía de la injusticia social (y su distribución inequitativa), de la injusticia procesal penal (de los hechos y actos que nunca se investigaron y que jamás se investigarán), de la injusticia penal (y de la perinola con la que condena) y de la corresponsabilidad estatal en cada una de estas injusticias. Si Juan fuera un asesino, a ese asesino lo criamos nosotros en el Hogar Sarciat, se lo sacamos a los padres porque nosotros lo íbamos a criar mejor. De la corresponsabilidad del Estado en estos ´productos´, nadie habla y nadie se hace cargo de eso a la hora de juzgar y condenar”, dijo la trabajadora social. Juan conoció las calles de Olavarría como nadie. El barro. El abandono. La carga de aprender a sobrevivir como fuera, él y sus hermanos más chicos. El Estado se hizo cargo. Dijo cobijarlo. Abrazarlo. Darle valores. Salvarlo y regenerarlo. El Estado prefiguró –dicen Julio Ríos y Ana María Talak- esa “alternativa altruista que lo mantuviera alejado del `exterior`”. Juan fue condenado a perpetua por un crimen que quizás cometió; tal vez, no, pero en donde el Estado no puede gritar a los cuatro vientos inocencia alguna. El Estado fue crucial en la historia de Juan. Como en la de A.D. Como en la de Manuel Juan. “Las condiciones económicas tienen sobre las morales una influencia determinante en sumo grado y así en las familias pobres, donde la fecundidad parece estar en razón inversa a los recursos, la educación de un crecido número de hijos se dificulta en forma tal que el abandono de los menores resulta un hecho dolorosamente lógico”, describía con patetismo el historiador Vicente Sierra. El mismo teórico que escribió que las familias en las que los niños que terminaron derivados a reformatorios u orfanatos constituían “un foco de delincuencia” que ante “la falta de dirección moral” terminaba pervirtiendo “al menor”. *** Manuel Juan se apellidó Expósito, como tantos niños crecidos en esa vieja casona. Huir una y otra vez del Estado y de las herencias que le cargó el Estado le terminó salvando su vida, construida entre las semillas de utopía. Esos dos bellos muchachos poetas que trajo a la vida junto a su “Lucha”, Virgilio y Homero, heredaron ese apellido surgido del abandono y escribieron con escasos 17 y 20 años cómo en esa calle de estío, calle perdida, dejó un pedazo de vida y se marchó... *** El 14 de julio de 1779 el virrey Juan José de Vertiz y Salcedo firmó la creación de la Casa de Niños Expósitos. Cientos y cientos de mujeres fueron violadas por alguno de los 9000 soldados enviados por Carlos III a custodiar una Buenos Aires de apenas 28.000 habitantes. Huérfanos y expósitos eran abandonados sistemáticamente en el torno desde el anonimato más profundo. Bastardos e ilegítimos. Unos y otros crecían bajo “la norma” de las estructuras de beneficencia. La institucionalización de la infancia se fue perfeccionando ferozmente según los tiempos. “Filogenéticamente consideradas las tendencias criminosas le son naturales como eran naturales en el hombre primitivo. El niño no nace un dechado de bondades, por el contrario, la germinación delictuosa es mucho más activa y variada que en el adulto”, escribió Víctor Mercante en sus notas sobre criminología infantil (1902). En estos tiempos de diferenciarse fuertemente de la filosofía del patronato, las contradicciones saltan a la luz. Desnudan cómo A.D. visitó una, dos, diez veces instituciones variadas de la sociedad actual sin que ninguna logre mirarlo a los ojos como el cachorro humano que es. Desnudan cómo Juan aprendió el costado más duro de la humanidad y reaccionó ante él. Desnudan cómo se torna imprescindible acorralar a esa infancia indómita o vencida. Cercarla en los barrios y dejarla inerme ante un presente de ferocidades. Humillarla y arrinconarla. Quitarle alas. Convertirla cruelmente en ni-ni. “El país que olvida a la niñez y que no busca solucionar sus necesidades, lo que hace es renunciar al porvenir”, dijo Eva Perón el 1 de agosto de 1948. “En un país lleno de riquezas, en un país de hombres que se llenaban la boca con las palabras más sonoras, barajando los conceptos de justicia, solidaridad, patriotismo, fraternidad y ayuda… allí estaban los necesitados, olvidados y escarnecidos, esperando inútilmente que los señores de la política quisieran preocuparse por los que tenían que fundamentar el porvenir de la Nación”. Foto: Enrique Carrasco SJ Edición: 2260 Unite a APe

lunes, 30 de abril de 2012

Natalia Melmann y la vereda de la injusticia

Por Claudia Rafael (APe).- La plaza funciona como fotografía de la historia. “De la vereda de enfrente de la Justicia, está la injusticia. Estamos nosotros”, dice Gustavo Melmann a APe. El cabello revuelto, apenas veterano de una siesta en el frío otoño dentro de la carpa que instaló pocos días antes. Las canas se entremezclan con viejos vestigios tenuemente pelirrojos. La soledad era diosa imperturbable en la tarde. El edificio majestuoso de Talcahuano 550 contrasta abruptamente con la plaza fría y desvestida del otro lado de la calle. Allí están como radiografía eterna el manojo de sintecho que encienden el fueguito que entibie por un rato, los monumentos a los desaparecidos, a los pibes de Cromañón, a los muertos de la AMIA y también, ahora, desde el 18 de abril, la carpa por Natalia Melmann. Su papá, Gustavo, en huelga de hambre, espera. Y convoca para mañana a las 11 de la mañana a un reclamo colectivo junto a la carpa. Con quince años eternos, Natalia sigue sonriendo desde las imágenes colgadas en el entorno de la carpa que cobija a su padre. Allí se ven también los nombres de sus victimarios: Oscar Echenique, Ricardo Suárez y Ricardo Anselmini, todos policías de ese mal endémico que es la Bonaerense. Pieza clave de una institución que –definió la socióloga Alejandra Vallespir en su libro “La policía que supimos conseguir”- “utiliza la estructura legal para la ilegalidad y que a lo largo de la historia incorpora la metodología de los grupos que combate”. Por eso insiste: “no hay dos policías, sino una única institución que suscribe una doble matriz. Esto no ocurre por desidia del poder político, sino por su complicidad”. La condena a reclusión perpetua se diluye. Artilugios legales permitieron la conmutación de la pena y un beneficio que los dejaría en libertad condicional en pocos meses. Gustavo Melmann no entiende. Los ojos se humedecen mientras habla. *** -Natalia hubiera cumplido 27 años el mes pasado… -Sí, y seguramente sería médica. Era extremadamente afanosa. Fue abanderada del colegio. En ese momento atravesábamos igual que otros montones de familias situaciones difíciles porque estábamos en el menemato. Trabajando, vendiendo diarios, Natalia ya tenía pagada la matrícula del año que venía. Iba a un colegio semiprivado porque era el que estaba orientado hacia medicina que era lo que le gustaba. Pero por otro lado tenía una cuestión muy definida desde lo social. Era delegada estudiantil, se planteaba que no quería tener chicos porque en la calle había demasiados chicos sin padres y quería adoptar. Tenía un grado de solidaridad extremo. No hubo situación de la familia o de compañeros en la que ella no fuera la primera en salir. A veces pienso y no sólo por mi hija sino por haber estado en contacto con muchos familiares de víctimas que estas cosas son las que los exponen a nuestros hijos a ser más vulnerables. Porque no creen que puedan haber gentes tan perversas que puedan generarles algo así. Por eso se da la característica de que cuando hablamos de nuestros hijos salgan estas cosas, cuando uno piensa quiénes eran nuestros hijos...son tan buena gente que no pueden imaginarse esto desde la razón y no tienen cuidado de gente que puede ser tan mala, tan perversa para hacer estas cosas. -¿Qué nuevo Gustavo asomó a partir de lo que ocurrió con Natalia? -Se me reafirmaron muchas cosas. Nosotros fuimos una familia militante durante nuestra adolescencia. Y habíamos ido a Miramar a tratar de buscar una alternativa, era la época de Menem, de crisis de conformaciones de luchadores, no había militancia política, mi señora sufría de agorafobia. Necesitábamos vivir en un lugar más tranquilo, tratar de hacer una vida familiar reposada. Después me di cuenta de que la salida individual no existe, de que no hay un lugar en Argentina en donde se puedan llegar a dar esas condiciones y que somos sujetos a todo esto. Que hay que luchar para cambiar esas situaciones de país y principalmente de justicia. Por mi experiencia de vida de estos once años es ahí donde tenemos que hacer centro los argentinos para tratar de modificar la justicia argentina. No hay seguridad de ningún tipo si no tenemos seguridad jurídica. Podremos elegir cada tantos años distintos gobiernos, nos representarán o no, pero no podemos dejar una injusticia enquistada durante tantos años que no representa a los intereses de la gente, que se aisla de la realidad totalmente y se aleja de lo que la gente pretende que fallen, sea en lo económico, en lo civil, en lo social, en lo penal. -¿Qué imágenes le vienen a la mente de aquellos días? -Una desesperación grandísima. Nunca esperamos ese desenlace. Nosotros buscábamos a Natalia con vida, pensábamos que le había pasado algo grave porque ella no era de ausentarse, de faltar. Pensábamos que podía haber sido abusada, que podía haber tenido un problema serio, que algo le había pasado pero nunca esto… encontrarla muerta. Era luchar contra el tiempo. Eran días de mucho calor y era encontrarla rápido para que no estuviera deshidratada porque se podía sentir mal. Y después…todo lo demás. Tratar de seguir manteniendo la lucha que ella llevó, lo que dice su propia autopsia, los propios testigos…que ella genera una defensa atroz por su vida. Se me replican montones de veces los pedidos de clemencia, de `por favor dejame`, no tuvieron ninguna piedad …me duele mucho no haber podido estar para defenderla. Y esta defensa que uno puede hacer ahora es tardía. Viene detrás. Lo que podamos hacer es para los demás, para la sociedad. No es ni para la familia ni para Natalia. -¿De dónde salen fuerzas para seguir? -Yo pienso que primero de ella misma, de encontrar otros familiares y no sé…siempre quisimos cambiar las cosas y no somos de resignarnos a que las cosas no se pueden cambiar. No me resigno. No es lógico. No está dentro de lo ético. No marca pautas a la sociedad. Acá no se va a recuperar a nadie. Lo que quieren hacer es soltar a una manada de sádicos perversos que se van a reclutar nuevamente como escuadrón de la muerte. Con toda sinceridad no pretendemos ninguna medida más allá de lo que designaron los jueces de primera instancia, de la Cámara de Casación o de la Suprema Corte de la Provincia que son 25 años que es lo que pauta la reclusión perpetua más accesorias. Pero 8 años es una burla. -La plaza se asemeja a un símbolo. Allá está ese grupo de familias que no tienen un techo, acá usted… -Sí, al lado hay además un monumento por los desaparecidos de la junta militar, otro por los chicos de Cromañón y también por los muertos de la AMIA. De la vereda de enfrente de la Justicia, está la injusticia. Estamos nosotros. *** “¿Quién mejor para conseguir un coche que la división Robo Automotor? ¿Quién mejor para encubrir traficantes a cambio de unos dinerillos que la división Narcotráfico? ¿Quién mejor para inventar una causa por drogas que los policías de Narcotráfico afectados a investigaciones del juez que inventa las causas de drogas? ¿Quién mejor para extorsionar empresarios que los de la división Defraudaciones y Estafas? ¿Quién mejor para coimear quinieleros barriales que la comisaría del barrio?”, se interroga Vallespir. Y agrega: “hay una especie de división institucional que ha hecho una organización racional de sus recursos pero en espejo”. Un perfecto espejo que no se construye sin el aval político y judicial. Natalia Melmann, secuestrada, violada, asesinada, es un nombre en el medio de un océano de víctimas de ese espejo institucional. Como lo son también María Soledad Morales, Walter Bulacio, Miguel Bru, Ezequiel Demonty, Luciano Arruga, Julio López, entre tantos otros. El mismo Gustavo Melmann dijo varios años atrás que “la impunidad no se resuelve encontrando a los culpables directos del homicidio. Para que se acabe la impunidad hay que descubrir la cadena de encubrimientos. Es como en una obra de teatro. Los actores principales no son los únicos que participan. Están los actores secundarios, los que escribieron el libreto, los que pusieron la escena, los que alquilaron el teatro y los que vendieron la escena. Romper con la impunidad es demostrar toda esa cadena que hizo posible el homicidio”. A Natalia la secuestró, violó, torturó y asesinó un grupo de representantes de la fuerza de seguridad más potente y numerosa de todo el país. Que tiene vía libre para actuar según marquen los tiempos y contextos de país a partir de pactos de impunidad celebrados con otros poderes de turno. Y termina constituyéndose en el último gran eslabón para asegurar la operatividad imprescindible de los otros poderes. Si en el medio, esa necesaria operatividad cuesta las vidas de una, diez o cientos de Natalia, es simplemente a los ojos de un sistema de perversidades el precio a pagar. Edición: 2213

viernes, 23 de marzo de 2012

LA CRUZ DE LA CONDENA



Por Silvana Melo
Miércoles, 21 de Marzo de 2012 09:00
Osvaldo-Mor-12(APe).- Se mira la pancita. Se toca la redondez. Pero no entiende. Está asustada. Asombrada. Angustiada. Tiene diez años y creció en la zona rural de Corrientes. Apenas dos meses atrás una chiquita entrerriana de 11 años fue obligada por la violencia institucional a tener un hijo que no deseaba. Que no comprendía. En un vientre que crecía con el mismo volumen que su terror. “Quiero que todo sea como antes”, dijo. En las villas del conurbano, la policía usa a las niñas de la intemperie para saciar la precariedad de sus deseos. Y a los niños para delinquir en su provecho. La violencia los golpea en la cabeza para que no puedan pensar. Los subalimenta, los deposita en sus prisiones fatales de los confines, los envenena con el agua y el aire y ejerce el poder prostituyendo y enajenando la dignidad hasta lo hueco.
Para el ministro de Salud de Entre Ríos si la niña ovula y menstrúa ya está preparada para parir. Aunque tenga diez años. Para el ministro de Salud de Corrientes, si la niña se embaraza es para cobrar la Asignación por Hijo. Aunque tenga diez años. Y no pueda comprender lo que está pasando en su cuerpo, lo que pasó con su cuerpo, lo que pasará cuando su cuerpo se parta en dos y sean dos los desamparos para enfrentar un tiempo que se las tiene jurada. Como una réplica brutalmente pedagógica ante la insolencia de la esperanza.
Obligar a Luciano Arruga a convertirse en delincuente para la caja policial o arrodillar a una nena a la altura de la nueve milímetros es vaciar de dignidad. La policía asesina y la policía petera (como la define Javier Auyero) son el cuerpo concreto de la violencia. Las pibas morochas, flaquitas, con los dientes picados por la mala comida, con el futuro jugado por ser niñas, por ser pobres, por ser mujeres, son mutiladas también en el deseo. Irrumpen en la sexualidad con sangre brutal, con la prepotencia del poder sobre sus cuerpos sin ganas ni tiempo ni madurez, en manos de padres, padrastros, tíos, abuelos, vecinos, policías.
El embarazo llega como llegan las enfermedades. Como llega la humillación. Sin deseo, cortado y tirado a la bolsa de los residuos patológicos. Como una vesícula o un apéndice. Pero el embarazo es otro que crece adentro. Cuando ese adentro es tan niño como el que crece y ella no quería. Ni podía. Ni imaginaba.
Ayer apareció la tercera chiquita correntina en pocos días con más de cinco meses de gestación. Visibilizada por los medios que construyen el efecto ola cada vez que un caso sacude a una sociedad que siempre mira de lejos.
"La chiquita fue violada por una persona conocida, aparentemente de la familia, que aún está prófuga", sostuvo el juez en lo Civil, Comercial, Menor y Familia de Santo Tomé. La nena, dijo el juez, está "bien de salud, pero con una angustia y un asombro muy grandes".
En Corrientes el 30% de los embarazos son adolescentes, según la doctora Silvia Lapertosa, directora del Hospital Vidal. La provincia que gobierna el radical indefinido Ricardo Colombi supera al Chaco (24,5%), a Formosa (22,6%) y a Misiones (21,6%) en maternidad niña. En un escándalo de ausencia y desidia estatal, su ministro de Salud, Julio Dindart, exhibió impúdicamente la hilacha del desprecio a la infancia vulnerable. “Se embarazan porque tienen un recurso económico como premio por haber tenido un hijo”, dijo. (Clarín tituló, el 5 de abril de 2009: “La fábrica de hijos: conciben en serie y obtienen una mejor pensión del Estado”).
Por las dudas, el arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, metió su baza mezquina, para delinear el perfecto dibujo del cadalso institucional. “Aun en medio de la conmoción e indignación que produjo el hecho, es importante recordar que toda vida humana es un don de Dios y que como tal debe ser respetada y protegida desde el inicio y luego en todas las fases de su desarrollo, hasta su término natural”. En ellas nadie piensa. Las violentan, las vejan, les tronchan el deseo, les prohíben el no quiero, les talan el placer para siempre, las obligan a ser madres a la hora de juego y el café con leche y las condenan al infierno. Que para ellas es terrenal. Inexorable y terrenal.
El ministro de Salud de Entre Ríos, Hugo Cettour, opinó que una nena de once años debía seguir adelante con su embarazo. Aunque su familia rogaba por la interrupción no punible (la Corte decidió, hace pocos días, recordar su existencia desde 1921). “A partir de que ovula y que tiene la primera menstruación puede quedar embarazada”. Aunque lo médicos que la vieron sostuvieron que la nena tenía "un desarrollo óseo en zonas de cadera que hacen impensable que el embarazo pudiera terminar con un final feliz". Nadie pensó en ella. En su no quiero, en su no puedo, en la violencia de su vejación, en la violencia de su brusca maternidad, en ese niño que será suyo y no, que la tendrá como madre y no, con quien se mirará un día y se reconocerá en soledad y desabrigo.
No sabe, mientras se mira el ombligo que fue lazo con su propia vida, que el 29 por ciento de las chicas que alguna vez estuvieron embarazadas no tuvieron a su hijo. Todas –según el informe de Unicef y Fundación Huésped- abortaron y pertenecen a las clases alta o media alta. El 80 por ciento de las que sí tienen sus hijos –a los 10, a los 11, a los 14- pertenecen a la circunvalación social de la pobreza. Donde la ausencia de dinero incorpora a las instituciones para remediar la desgracia que las mismas instituciones no evitaron.
Y terminan, las mismas instituciones, lustrando la cruz de la condena.


Foto: “Desalojo”, pintura de Osvaldo Morúa

domingo, 26 de febrero de 2012

LOS HIJOS DEL FEMICIDIO


Martes, 17 Enero 2012
Por Claudia Rafael

(APe).- Pasaron 8 años ya. Casi tantos como los que tardó en entender la relación entre esas horas dentro de una sala muy blanca y prolija en la que una señora le hablaba, le hacía preguntas y le pedía que hiciera dibujos y el anuncio posterior de que su papá estaría en la cárcel gran parte de su vida. Hoy ronda los 14 ya. En estos 8 años, fueron innumerables las veces que escuchó a la abuela Tita decirle “sos igual que tu padre” o “vas a terminar como él” cuando rompía algo en la casa sin querer o cuando, casi siempre, volvía con una mala nota de la escuela. El abuelo, en cambio, al que él seguía a sol y a sombra, le clavaba la mirada de ojos profundamente negros y no pronunciaba palabra. Pero él sabía que pensaba algo parecido.

Nahuel también tiene 14 años. Vive a cientos de kilómetros de Yonatan. Sonríe en la foto. Quién sabe qué se festejaba ese día en su familia. Un cumpleaños, un aniversario de algo, una Navidad o cualquier otra cosa. La foto de los tres, con las cabezas pegadas, apareció completa en la pantalla del noticiero de C5N. Esa foto ya no está ni podría volver a estar. Su mamá, Silvia Prigent, fue asesinada. Su papá, Daniel Sfeir, está detenido por el crimen.

Cuando por estos días, la Casa del Encuentro dio a conocer su informe 2011 sobre femicidios en la Argentina (parcial porque fue armado en base a los casos publicados por la prensa) mencionó que fueron 282 las víctimas de la violencia de género. Una mujer cada 31 horas. Esto implica 22 casos más que en 2010 y 51 casos más que en 2009.

Del total de 2011, en un 37,6 por ciento de las causas judiciales el acusado fue el esposo o novio; en el 20 por ciento, la ex pareja. Pero además, en al menos el 11 por ciento de los casos había denuncias previas de la víctima.

El dato llamativo y poco analizado no tiene que ver con esos números y con esos porcentajes que vienen suficientemente expuestos y visibilizados. Sino más bien con un aspecto del que no se habla: esos mismos registros dan cuenta de que 346 niños y adolescentes se quedaron sin mamá. Y al mismo tiempo, la gran mayoría, también se quedó sin papá.Ya sea porque el mismo padre después del horror se quitó la vida o bien porque terminó en la cárcel.

Tampoco se puso la mirada en qué ocurrió antes de un crimen. Cuál fue la sucesión de violencias de las que ese niño o niña fue testigo y en un altísimo porcentual también, víctima sistemática.

Las leyes suelen ser un espejo de los tiempos que corren. Durante largas décadas la Argentina estuvo atravesada de lleno por la filosofía del Patronato, destinada a forjar a la infancia a imagen y semejanza. Se judicializó la vida de los niños que, por portación de pobreza, por marginación, por negritud o rebeldía, se salían de los moldes prediseñados. De hecho, durante larguísimo tiempo –y como ejemplo amplio de ese espíritu- el 90 por ciento de los chicos institucionalizados estaban judicializados por “cuestiones asistenciales”. Es decir, un niño podía ser arrancado a su familia por las dificultades económicas de sus padres por una simple decisión de un juez que, como aditamento, en el grueso de los casos jamás le había visto siquiera la cara. Para eso eran confinados a depósitos de desprecio y humillación.

El cambio radical que frente a ese paradigma implicó la adhesión a la superadora Convención Internacional de los Derechos del Niño termina recayendo en un perverso empeño: devolver a chicos que fueron golpeados, abusados y violentados “al seno del hogar, dulce hogar”. Concepto quebrado una y mil veces en un país cruzado de lleno por infinitas crisis, expulsiones, desocupación y destrucción que contribuyó a un modelo de familias resquebrajadas y rotas.

Las historias con nombre y apellido son infinitas. Ella, con sus 17, lleva la soledad en su nombre como una espina que le laceró el alma desde siempre. Empezó a ser sistemáticamente abusada por su padrastro, en los días en que ingresaba a la pubertad. La madre percibía esa situación pero terminó siendo cómplice. La niña, a partir de la intervención de la mamá de una amiguita, fue sacada de ese hogar por decisión de los órganos administrativos que son los que ahora se ocupan de ese tipo de situaciones en reemplazo de la justicia. Fue enviada a la casa de sus abuelos maternos. Esos órganos administrativos jamás percibieron que el abuelo había abusado años atrás de su mamá.

Esa tozudez-perversidad de contravenir un paradigma nefasto como fue el del Patronato suele enviar a las criaturas a la cueva de un lobo feroz.

Hay clara responsabilidad individual por parte de los victimarios. Pero hay una patología social mucho más honda y medular que es la que enarbolan las instituciones que no hacen otra cosa que abonar la violencia de esos victimarios. Cuando no protegen a las víctimas, cuando no actúan antes de que la muerte, el abuso, el golpe, la tortura aparezcan.

Cuando la Justicia pampeana otorgó a partir de un pedido de Carla Figueroa el perdón a Marcelo Tomaselli desde la figura del avenimiento, le puso al victimario el arma en la mano con la que pocos días después asesinó a la mujer. Pero además, liberó todas las puertas para que los monstruos abrieran sus fauces al pequeño de apenas 3 años hijo de ambos.

En 2011, sólo en los casos publicados por una parte de la prensa, se contabilizaron 346 hijos del femicidio. Pero ellos nunca son el foco. Serán toda la vida –ante sí mismos y ante los ojos de la sociedad- los hijos de una mujer asesinada y al mismo tiempo, los hijos del asesino. No sólo habrán heredado los ojos, el formato de la nariz, el color de la piel (elementos que sistemáticamente verá reflejados en su propia imagen ante el espejo) sino también las terribles consecuencias de una mochila que demasiadas veces les doblegará la espalda.





Edición: 2155
Reproducido de Agencia de Noticias Pelota de Trapo

sábado, 15 de octubre de 2011

MICAELA



Micaela
Por Alberto Morlachetti
Viernes, 07 de Octubre de 2011 08:06
(Ape).- El sabado 17 de septiembre a las 8 horas de la noche, Micaela de 13 años, extraviada en el desamparo de Villa Fiorito, inscribía su muerte, en esta ciudad de efimero stock de memoria. Las balas 9 mm la asesinaron, pero su corazón dejaba puñados puros de ternura.

Hay que estar preparados para escenas fuertes. Villa Fiorito es un pacto político que acaba con tiros en la nuca y un rosario interminable de entierros y sufrimientos, mientras el paco -con aires de matón- se pasea uniformado por sus calles impuras.

Referirnos al notable silencio del Estado y de una buena parte de la sociedad, aunque los pájaros canten sobre las ruinas.



Edición: 2099

jueves, 8 de septiembre de 2011

Cabeza de Leon



Cabeza de león
Por Alfredo Grande
Jueves, 08 de Septiembre de 2011 08:43


“Si la poesía es un arma cargada de futuro, la filosofía es un arma cargada de presente”
(aforismo implicado)



El método de disuadir a los tiros. En Laferrère, un sargento de la Bonaerense disparó contra adolescentes que supuestamente discutían. El sargento dijo que tiró al aire para disuadirlos. Pero los impactos fueron a baja altura. Uno de los proyectiles dio en la nuca de Angel Rojas. Una nena sostenía un cartel: “Angelito, te estamos esperando”. La leyenda sintetizaba la voz de los familiares y amigos de Angel Rojas, de 22 años, que se manifestaron ayer en Gregorio de Laferrère, a metros de donde el joven cayó herido con un tiro en la cabeza efectuado por un policía. Según contaron a este diario sus familiares, y uno de los testigos del hecho, el agente policial Osvaldo Aquino persiguió al muchacho y a sus amigos para terminar ejecutando un disparo que hasta anoche lo tenía internado en coma. Los adolescentes habían salido de un boliche y en medio del tumulto, el efectivo sacó el arma y comenzó a perseguir al grupo en el que estaba Rojas. Ahora, el joven se encuentra internado en coma farmacológico. “Son muchos casos así de la cana. Si no hacés quilombo queda todo en la nada”, exclamó un familiar de Rojas, en medio de la nube de gomas desangradas por el fuego. (Página 12.)


(APe).- Contrariamente a lo que Joaquín Sabina canta, el diario hablaba de ti, Angelito Rojas. Pero pronto, quizá mañana mismo, no hablará más. De Candela seguramente seguiremos hablando, quizá por haber sido trágica profeta en esta maldita tierra. Sabemos que el misterio, lo complejo, la sin razón de la razón que asusta, tiene siempre eco en aquellos que esconden su propia voz. Cuando lo esencial es visible a los ojos, el olvido es más sencillo. “Ah sí, ya se sabe”, dicen que dicen los que nada importante dicen. Y la llamada naturalización, que nada tiene de natural, opera con la misma eficacia que un esterilizador de conciencias. Los desaparecidos en democracia, son todos desaparecidos políticos. De diferentes políticas, pero siempre en relación a las decisiones de los funcionarios responsables de formas atenuadas de la “solución final”. Como farmacológico es un eufemismo para decir que el gatillo fácil, demasiado fácil, transformó un adolescente en un zombie. Una de las formas brutales en que la lucha de clases deja paso al exterminio. No de una persona, sino de todas las personas que cada persona es. Por eso creo que el asesinato de los santos inocentes siempre es genocidio, aunque esté encubierto y camuflado en la retórica reaccionaria de los comunicados oficiales. Por eso creo que hay muertes de una indignidad tal que me indigna, me asquea, me subleva. Muertes que obligan al grito, al insulto, al odio, a la venganza. Muertes que provocan más muertes, porque tampoco el amor puede sostener las toneladas de dolor que toda masacre genera. Y hay otras muertes, aquellas que podemos denominar dignas. Y son aquellas que apenas son una forma de vivir de otra manera. Cuando la muerte aparece en la continuidad de una vida digna de pensamiento, de actos, de creación de nuevos horizontes. Muerte que no es muerte sino apenas cambio de escenario, de vestuario, de escenografía. “No moriré del todo”, como dice Horacio en sus odas. Y quizá, con el perdón de Horacio, pueda decir que no morirá en nada. Nada de él morirá, a diferencia del angelito baleado, que morirá del todo. Aprendí en sus clases que si toda vida es vida cultural, toda muerte es muerte cultural. Y entonces, y acá me guío por una idea de Vicente Zito Lema, la resucitación es posible. Y necesaria. Porque la muerte cultural tiene su propio límite en la cultura que se ha engendrado, preñado espíritu y pensamiento para seguir pariendo. Porque se puede escribir después de la muerte, como sigue escribiendo Silvia Bleichmar. Porque se puede pensar después de la muerte, porque cuando se abren los diques de la cultura represora, aparece un pensamiento pleno que tampoco se puede parar. La parca no puede triunfar cuando la siembra ha sido generosa y la cosecha es eterna como eternos serán los campesinos de esa tierra nueva. Crueldad de la cultura que impide que millones se asomen a esa tierra prometida del verdadero pensamiento. Millones que no están en coma farmacológico, pero están en coma televisivo, mediático, político, económico, incluso amoroso. Viven solamente porque están asistidos por las máquinas que el sistema implanta para ese gran simulacro que algunos llaman “me siento bien”. Pero de lo que se trata es de sostener el corte, la ruptura, el desconcierto. Pensar, por ejemplo, la aventura irresponsable y criminal de la denominada “guerra de Malvinas” que impulsó un general majestuoso para perpetuarse en el poder-joder, como un mecanismo para limpiar la guerra sucia. O pensar que desde el individualismo burgués y sus límites, Freud iba a encontrarse con la cruz de la clase media y media alta, incluso alta, y que lo iba a alejar de la marea de las masas revolucionarias. El desafío era que Marx y Freud fueran diferentes formas de hablar de lo mismo. Por eso escribió: “el sujeto es núcleo de verdad histórica”. Pero claro: histórica pero no de historias oficiales. Hay que bucear en el fundante del sujeto para que esa verdad pueda asomarse. Y ese fundante, organizado como inconsciente histórico, social y libidinal, no llega sino que tenemos que ir a buscarlo. Con menos talento pero con igual empeño, yo lo fui a buscar en la creación del psicoanálisis implicado. Y el Movimiento Chicos del Pueblo permitió un encuentro que lo denominé Crónicas de Trapo. Pero antes estuve cerca, muy cerca, como alumno y como amigo, del pensador y militante que algunos creen que ha muerto. Quizá siga discutiendo con David Viñas, porque a León Rozitchner le gustaba la luz, pero más la discusión vehemente que la posibilitaba. Quizá resolvió no discutir más, o discutir de otra manera, o que nosotros sigamos algunas de las peleas que él comenzó. Yo hacía más de 10 años que no tenía trato directo, cercano, amistoso. Lecturas de sus libros, quizá muchas lecturas de los pocos que leí de los muchos que escribió. Pero que fueron semillas que me atrevo a pensar encontraron buena tierra, o así al menos me lo dicen mis alumnos que fueron a encontrarse con sus libros luego de una “suave sugerencia” mía. En esta tierra donde las madres del dolor nos enseñan que no solo parirás con dolor sino que vivirás siempre con él, León construyó una trascendencia sólida. A contramano de tanta proclamación de lo líquido, lo fluido, lo efímero. Solidez que no se desvanecerá en el aire. Llegó para quedarse. Y amplificarse. La cultura represora habilita para los ángeles caídos sólo dos lugares posibles: ser cola de león o cabeza de ratón. Furgón lastimero de los poderosos o vanguardia sufrida de los desocupados y desterrados. El talento de Rozitchner le habilitó un lugar que la cultura represora no pudo anticipar: ser cabeza de león. Y sus rugidos atronarán por los siglos los cerebros de los represores hasta que estallen. En ese momento, también Angel Rojas saldrá de su coma farmacológico para encontrar su propia eternidad.




Edición: 2082

lunes, 8 de agosto de 2011

Política, Hambre, o Dominación


Ni unidos ni dominados,
Ni revueltos ni atrapados,
Ni postrados ni volando.
Hambreados de estómagos vacíos de ideas,
Hambreados de ideas vacías de sustento base,
Hambreados de hambre puro,
Hambreados de ideas puras.
Desfallecientes del camino,
En busca de verdades de carne y hueso,
Sólo quedan huesos,
Podridos, sin sustento,
Sin sustancia.
Oleadas de putas mentiras,
Oleadas de falsas promesas.
La limosna ya no alcanza.
La miseria me acalambra.
Jujuy en llamas,
Hermanos bajo tierra.
¿quién llora sus ausencias?
Urnas llenas de lágrimas.
Urnas llenas de odios.
Y en Paris,
Descansa la lacra traicionera.
Recarga su ponzoña y se ríe de nosotros.
El señor Burns recarga sus pilas.
El señor Burns nos cubrirá de ácido.
Vos sos bienvenido.
Amén.

Manifestación


Manifestación
Pedro Shimose (*)
Viernes, 05 de Agosto de 2011 08:49
victoria-12(APe).- Con la rabia en el ají,
salgo con mi cóndor bajo el brazo,
cruzo la calle con una piedra en la mano,
camino con un policía vigilándome el hambre,
busco el oído y el ojo de la noche,
pego carteles, corro por las plazas,
grito con una brasa en la lengua,
pinto las paredes: “viva el Che”
me dan agua en manguera,
soy el fuego;
me dan relámpago en humo,
soy la tierra;
me abren una herida donde sea,
soy el pueblo;
me persiguen, me encarcelan, me torturan.
Canto mi libertad, muevo adoquines,
rompo maderas y cristales, canto,
voy a la huelga con mi miedo natural y un sorbo de café caliente;
vuelo por la ciudad, rasgo el aire, trizo las vitrinas,
golpeo las páginas de los periódicos,
derribo puertas, venzo máscaras y cachiporras,
traspaso los umbrales de la historia,
¡soy!

(*) Poeta boliviano de Riberalta, Beni, 1940.

jueves, 28 de julio de 2011

ARIEL, COMO UNA MARIPOSA


Ariel, como una mariposa
Por Silvana Melo
Martes, 26 de Julio de 2011 08:47
(APe).- Para Ariel, el día verdadero empezaba a las cuatro de la tarde. Dejaba atrás ocho horas de trabajo para saborear despacito una celebración que a los 22 es intensa, entrañable. El 20 de julio es un día para reírse con ruidos y boca enorme, para juntarse con brazos largos y alma bailantera. Pero Ariel no pudo.
Jamás se imaginó que a la vuelta de la esquina lo esperaba el azar sistemático con el que suele excusarse el brazo represivo del Estado. Una bala le atravesó la cabeza y el sueño acabó brutalmente. Ni fiesta ni mañanas ni tiempos por venir. La nada en sangre frente a un caño que aún humea. Frente a la pistola Bersa Thunder que humeará siempre ante la muerte joven. Ante los retoños que se arranca violentamente el sistema de ramaje seco que no tolera las insolencias de la primavera.
El suboficial Mendoza y la versión Federal primerearon con una heroica persecución de dos delincuentes armados, una pistola que se le cayó en el revoltijo y un disparo desquiciado que fue a terminar su carrera en la primaverita incipiente de Ariel. El uniforme de la Federal lleva sus chapas salpicadas por el barro maloliente del Riachuelo. El último barro que respiró Ezequiel Demonty, cuando lo obligaron a tirarse y nadar en el infierno de veneno y podredumbre. Y a morirse. Como corresponde a la prepotencia de la juventud, a la subversión de la pobreza. A la inconveniencia de la piel oscura.
Colocar en la pira de los sacrificios al suboficial Mendoza e incinerarlo como responsable individual y único implica exculpar a una estructura pensada y echada a la calle como fuerza de choque del Estado. Como fuerza bruta de una carroza ideológica donde desfilan los elegidos y corren detrás hasta el desaliento los desterrados: los pobres, los pibes, los débiles. Los que se agrupan, los que se ríen a gritos, los rebelados, los improductivos, los que quedan en el camino para acolchar los pasos del resto.
Exhibir a Mendoza solo en la escena judicial es condenar a Poblete como asesino de Fuentealba. A Franchiotti como el criminal de Kosteki y Santillán. Culpar al dedo en el gatillo feroz del sistema. Donde hay quienes deben morir. O desaparecer. En hondonadas o en cárceles. Por insurrectos. Por jóvenes. Por rabiosos resistentes a su propia exclusión.
Mendoza no perseguía delincuentes. Dejó su puesto de custodia para repeler el ruido infamante de la alegría. Para correr a un grupo de chicos que festejaba a manotazos y carcajada con aliento a cerveza. Terrible amenazas para la seguridad ciudadana. Disparó o tropezó con su propia ansiedad de castigo y/o muerte estructuralmente programada. Como un chip que la cronometría estatal dispone para reaccionar ante el estímulo del joven, del pobre, del peligro que acecha el orden social. “Temíamos por la inseguridad y nos mató la policía”, lloraba en desconcierto la familia de Ariel. Que no era pobre ni moreno. Pero era joven. Y sintió que el propio orden social que le garantizaba el brazo predador del Estado lo devoraba como equivocado. Como por un error que no es. Porque los muertos bien muertos son los pibes de rumbo talado que tragan la cicuta del Riachuelo o asoman sus huesos de los containers. Aquellos que no pueden temerse a sí mismos como lo hace tras sus alarmas y sus perros el orden social cuidadosamente delimitado.
A Ariel lo mató una bala que buscaba corazones jóvenes. Detuvo el suyo -que planeaba celebrar la amistad horas después- como pudo haber detenido la carcajada rebelada de quienes se daban la mano y juntaban el puño en saludo de encuentro ahí, a metros de su muerte inexplicable.
A la cuatro de la tarde del miércoles 20, en Paseo Colón y Humberto Primo, Mendoza dejó su puesto en el Renaper y salió a la caza de jóvenes. Dijo que el arma se le cayó y se disparó sola. Impericia, estupidez, negligencia. Y la puntería exacta del azar que taló una vida con un disparo certero en el cráneo.
Un operativo, violencia legal en descontrol, el fervor espontáneo de un efectivo que hacía servicios adicionales. Todo para calmar la celebración ardiente de un grupo de adolescentes. Tan desmedido como una granada para someter a una mariposa.
Ariel supo, brutalmente, que ser joven es tan peligroso como ser mariposa. Que se puede volar pero no tanto. Que a la hora en que suena la alarma que despierta para la vida, hay un arma que se dispara. A veces el horizonte está cerca y el cuerpo puede nadar hasta un futuro que amanece. Otras veces, como para Ezequiel Demonty, el mar es una ciénaga que devora. Para Ariel, un agujero fatal por donde se desmoronan los sueños.

jueves, 21 de julio de 2011

DIGNAS DE SER VIVIDAS


Dignas de ser vividas
Por Gabriel Elías Ganón (*)
Lunes, 18 de Julio de 2011 09:09
boquete-12(APe).- Nuevamente llegan ecos que diseminan el miedo y la preocupación. Como ocurrió durante la crisis financiera internacional, los medios de comunicación social y cierta oposición política al Gobierno no dejan de perder oportunidad para infundir miedo y acercar a la ciudadanía a la sensación de estar viviendo una catástrofe definitiva. Es cierto, no son más que visiones parciales de la realidad de un sistema, el capitalista, que no deja de jugar a su antojo, como bien dice el sociólogo Bauman, casi tanto con el miedo de los más o menos acomodados como con la vida de millones de personas condenadas a la exclusión definitiva. Dentro de este contexto, utilizando, como ocurrió con Axel Blumberg, el lenguaje de otra muerte “no descartable”, parte de la elite política vernácula se ha lanzado a la caza y virtual exterminio de los niños pobres. Su evidente hipocresía los lleva a demandar desde la baja de la edad de la imputabilidad hasta la desaparición del juicio previo, para poder encarcelarlos tan pronto como sea posible. Utilizan curiosos recursos discursivos para imponer sus “nuevas” tecnologías del aniquilamiento, ya no como excepcionalidad sino como práctica habitual. Es decir, nos deshumanizan cuando pretenden que con ellos despreciemos las vidas de esos niños, tan sólo porque no les resultan útiles ni rentables y, lo digan con claridad o no, consideran sus vidas indignas de ser vividas. Quizá por eso prefieren dirigir sus presupuestos para la protección de los más ricos e invertir en vigilancia y en cámaras de video. Con este proceso, tan pronto como les sea posible reclamarán la aplicación de la pena más económica y productiva, la pena de muerte. Parecería que para esta clase política emergente de trajes costosos y oscuros, de la zona más acomodada del país, es necesario continuar y construir su carrera política mediante el desvío de las angustias populares hacia la inseguridad urbana. De esta manera, su lenguaje de muerte mantiene su encono contra los niños pobres a pesar de que las investigaciones del caso Barrenechea terminaron contando otra historia. En este contexto, lanzan respuestas mágicas sin fundamentos estadísticos, buscan soluciones en horizontes de sicarios en los que no impera otra cosa que la ley del revólver –Colombia posee la tasa de homicidios más alta del continente– y rápidamente se molestan movidos por intereses personales contra cualquier voz que pretenda mostrarse disidente y que reclame por las mínimas garantías de un régimen democrático. Naturalmente, en su intención narrativa no todas las muertes son igualmente útiles ni llevan en sí el mismo el poder instrumental de revelación. Quizá por eso la cordura no tiene oferta y pocas muy pocas han sido las voces que se han lanzado contra tanta barbarie deshumanizante a pedir un poco de prudencia y sensatez para empezar a resolver un problema altamente complejo. Es cierto, ya nada funciona como antes y menos aún los mecanismos tradicionales de aplicación de la violencia. Sin embargo, en semejante coyuntura jamás lo resolverán las mágicas modificaciones legislativas a las leyes penales que se reclaman. Con estas propuestas, las nuevas cabezas del populismo punitivo pretenden, por un lado, transformar al sistema penal en una máquina letal contando muertes como cuentan sus billetes, pero sí tendrán más personas y más jóvenes presos. Sin embargo, como en sus palabras sólo suele imperar el oportunismo y el odio, desconocen el decir de Derrida: que cualquier muerte, no sólo la de alguno de sus vecinos, es el fin de un mundo único y por tanto ninguna es en esencia más valiosa que la otra. Por eso se apresuran también a olvidar que no son ni han sido pocos los niños pobres que, superado el hambre, también han muerto violentamente, como el ingeniero Barrenechea. De cualquier manera, como no son ni sus vecinos ni los nuestros y sus voces estarán siempre ausentes aun después de la muerte, jamás llegaremos a conocer sus nombres. ¿Será acaso porque en estos tiempos, en los que impera la sinrazón y la cólera, muchos de nosotros nos dejamos arrastrar enceguecidos por el miedo y comenzamos a sentir que las vidas de esos niños no son dignas de ser vividas y por lo tanto deben ser abandonados por el Estado o a su suerte o a la muerte aleatoria detrás de los muros de una cárcel?


(*) Gabriel Ganón es defensor oficial provincial en Santa Fe.
de:
Pelota de trapo

sábado, 18 de junio de 2011

TRECE PIBES MENOS



Por Silvana Melo
Lunes, 13 de Junio de 2011 09:49
(APe).- Cuna de angelitos sigue siendo Salta. Los niños se esfuman como burbujas de jabón y con ellos se va ajando la piel de la utopía. Se mueren de hambre. Son muertos, asesinados, exterminados como la semilla de la rebeldía. Cada niño que nace es la esperanza de volver al mundo patas arriba. De devolver la riqueza a las manos de los saqueados. De encenderle luz a un país que le desactiva el farol a cada ochava del futuro. Trece niños de poco menos o poco más que un año se han muerto desde enero a junio en Salta.
Brisa Castillo tenía apenas ocho meses. Respiraba fatigosamente en la misión wichi Salí, cerca de Embarcación. Frágil como un cristalito murió el 20 de mayo en el Hospital de Orán. Presentaba un “cuadro de desnutrición agravado por una infección respiratoria”. Ocho meses logró sobrevivir en la humedad de la tierra olvidada, puesta a brillar como una lentejuela en el barro. Ocho meses atrás nacía y en ella se alzaba en llamas una esperanza. Es que cada niño que nace trae bajo la lengua la semilla de la rebeldía. Bajo el brazo el pan multiplicador. En los ojos la chispa de todas las revoluciones que no fueron. Por eso los acallan y los malalimentan. Y tantos se mueren antes de tener fuerzas para soplar una vela en el oscuro, sobre la torta del porvenir.
Depende de dónde se nace para intuir cuándo se muere. Un bebé que nace en Formosa, en Embarcación, en Tartagal, tiene tres veces más probabilidades de no llegar a cumplir un año que un niño que nace en Belgrano o en Caballito. Más de veinte certificados de defunción diarios en todo el país determinan con un eufemismo cómplice que los niños mueren de paros cardiorrespiratorios. Detrás de la causa obvia, generalizada, está el hambre. Las enfermedades parientas, evitables, desencadenadas, convocan a la muerte cebada y lujuriosa, en los hospitales colapsados por falta de médicos, enfermeras, insumos y presupuesto.
Alit Morena Pacheco tenía la piel mate y se le achinaban los ojos cuando amenazaba con llorar. Un año y cinco meses de vida guaraní en Villa Rallé, en Pichanal. Hasta que el 8 de junio no pudo más. Las fuerzas no le alcanzaron nunca para caminar. Ni para hablar. Sus huesitos se quebraban con un soplo. No supo lo que era el agua buena, el calcio, las proteínas, los nutrientes, la leche tibia de las mañanas. Cuadro de desnutrición extrema, según el riguroso certificado de defunción del Hospital de Orán. Murió, dice el Tribuno de Salta que explican en el Hospital, por “shock séptico, a causa de neumonía bifocal derecho, anemia, y por un cuadro de desnutrición extremo que en términos médicos se conoce como kwashiorkor”. Una palabra impronunciable, tan compleja, para hablar de hambre. El kwashiorkor es un asesino de niños. Una enfermedad del abandono, un dolor de la intemperie, un crimen del desprecio. “Es provocada por la ausencia de nutrientes, como las proteínas en la dieta. Los signos de Kwashiorkor incluyen abombamiento abdominal, coloración rojiza del cabello y despigmentación de la piel”.
La Argentina tiene apenas el 0.65% de la población mundial. Produce el 1.61% de la carne y el 1.51% de los cereales que se consumen en el planeta. Pero nueve millones de chicos tienen hambre. Casi tres mil se mueren anualmente por desnutrición. Y otros tantos por hambres escondidas en fiesta de disfraz.
Mayra Ramos apretó el botoncito a la una y media de la mañana del 7 de junio. Lo tenía en la palma de la mano y sólo tuvo que cerrar el puño, con su último aliento. En segundos, no más, las alas se abrieron a la altura de los omóplatos. Y Mayra se diluyó en un vuelo azul, hacia un cielo donde la felicidad corre en arroyitos de leche y miel. Vivía a diez cuadras del Hospital de Orán. En una casita de aire y chapas, con veintidós personas más. Pesaba seis kilos cuando llegó al Hospital. La mitad de lo que pesa un bebé de once meses que no esté condenado desde el origen. Que no haya llegado al mundo como resaca de la vida. Como sobra que fastidia. Mayra iba a cumplir un año el 17 de junio. No tendría más cumpleaños que una mamadera de agua verde y un pancito imposible. En febrero su madre la había llevado al Hospital. Pesaba cuatro kilos y la dieron de alta. Nadie la vio, sin embargo. Pudo ser ella la esperanza del mundo, cuando nació como una llamita de fósforo tenue en medio de la más rotunda oscuridad. Pero no fue. No pudo. La vulneró la atroz paradoja de nacer en una tierra con leche en sus venas y banquetes que brotan de su dermis. Nacer en el país del alimento. Y morir de hambre.
Mayra, como uno de los niños desnutridos de cada tres que se cuentan en Salta, debió ser controlada por el sistema de Atención Primaria de la Salud (APS) cada 15 días. Pero nadie la vio. Es que la casilla de aire y chapa amontonaba a veintitrés. Y ella era tan pequeña. Tan pequeña.

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Se mueren y con ellos se muere la esperanza de cambiarlo todo. La subversión de lo establecido. El sueño de dar vuelta el orden como una media. Y que se encuentren arriba, de pronto, todos los condenados de la tierra.
“Allí están los niños que no figuraban en la preocupación de nadie porque no podían votar, ni podían prestar sus nombres inocentes para las sucesivas farsas electorales con que se pretendía demorar el despertar de nuestro pueblo. Allí agonizaban subalimentados, enfermos, los hijos de los mismos que creaban la riqueza y que no tenían ante ello otro futuro que el hospital, la miseria y la desesperación, o el delito.” Eva. Sesenta años atrás.
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lunes, 9 de mayo de 2011

EL ALARIDO EN LLAMAS

El alarido en llamas
Lunes, 02 de Mayo de 2011 09:13
portinari12(APe).- Cuando Graciela Araya chasqueó el encendedor sobre su cuerpo empapado de nafta, no era una excluida. Era un mosaico des-privilegiado de un Estado que implica, como base constitutiva, la inequidad. Un monstruo multicéfalo, el Leviatán de Hobbes, que no desecha al estado de naturaleza fuera de las fronteras de su originario pacto social sino que sostiene su esencia en la médula de la violencia y la desigualdad.
Sólo soñaba una casa. Una casita. Con mesa y mantel y una cena tranquila después del arduo peregrinar pirquinero. Del derrotero penoso del colador cotidiano que a veces retiene la arenilla dorada. Y es una fiesta la migaja caída de la gran boca de la Barrick que quiere devorarse las entrañas del Famatina. Del cerro dorado que pone los pies para que la gente sin tierra le arrime sus chapas. Una casita. Nada más. Donde descansar los huesos y oír respirar a los niños como un duenderío de las madrugadas.
El pacto que encarna ese Estado donde ella no era una excluida es, dice Alessandro Baratta, “un pacto entre una minoría de iguales que excluyó de la ciudadanía a todos los que eran diferentes. Un pacto de propietarios, blancos, hombres y adultos para excluir y dominar a individuos pertenecientes a otras etnias, mujeres, pobres y, sobre todo, niños”. Y en la segunda pata de este pacto desigual dominante - dominado entrañó a las gracielas arayas de los arrabales del mundo. Puestas a ocupar el vértice de la historia donde se talan los sueños y se bajan las persianas del amanecer.
Cuando chasqueó el encendedor sobre su cuerpo empapado de nafta era una silente, una invisible, una desterrada. Con su propio fuego se hizo ver. Brilló de pronto, como el oro que aparece muy de vez en vez en la rejilla.
Vivía con su familia en un campamento minero, con módulos de chapa. Ella y su marido tienen la espalda arqueada y se les clava el destino como una faca en la cintura. Viven de juntar el oro que se lleva el río. A veces los días y las noches desfilan como fantasmas envelados, desvelados, sin que el barro descuelgue un brillo mínimo en el torrente.
Ella soñó con una casa. Una casita breve, con bloques encimados, puerta y ventana como para asomar a las lluvias persistentes del verano. No más que eso. El intendente se la prometió una vez. Pero hay memorias tenues. Y planes definidos que la necesitan a Graciela Araya sin techo y en el borde para subsistir en su estructura destinada al sustento de los privilegiados. Que no es sin el descarte de los otros. Sin la desigualdad sistemática y sistémica. Sin la violencia intrínseca del despojo y la literal del castigo.
Cansada de esperar, harta de espiar por la mirilla los actos oficiales, con el desasosiego del no tácito, ni siquiera pronunciado, Graciela Araya se paró delante del palco donde el intendente de Famatina festejaba el aniversario del pueblo entregando viviendas. Buscó los ojos del intendente, quiso que la viera, deseó conectarle la tenue memoria. Pero vio la chapa de sus paredes sin ventana donde asomar a su puesta del sol pirquinera. Y pisó su suelo doméstico de tierra y piedras que se humedece a la noche cuando tiene que acalorar el catarro de sus niños a fuerza de pecho y nanas.
Cuando chasqueó el encendedor sobre su cuerpo empapado de nafta supo que ésa era su rebelión. Su pequeña y anónima revolución. El fuego y el olor de su ropa y de su carne quemada escandalizaron la fiesta social y el cumpleaños selectivo.
Su incendio público fue su insurrección personal. Pero también el grito extemporáneo de los silentes y los confinados. El alarido en llamas de los nadie.


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domingo, 1 de mayo de 2011

LOS OTROS


Los otros 05/04/11 Por Claudia Rafael

(APe).- El día en que Ruth Paradies montó sobre el tren en la estación ferroviaria de Berlín supo que su partida ya no tendría vuelta atrás. Tal vez por eso no giró la cabeza para mirar a los ojos de su madre. Tal vez por eso se aferró a otros adolescentes judíos que, como ella, buscaban huir de aquella Alemania nazi hacia un lugar en el mundo que se abriera a su paso como tierra nueva. Y sin imaginar que cuarenta años más tarde, los dictadores argentinos torturarían con más saña a su hijo menor -al que aún no soñaba concebir- por su calidad de judío. Las migraciones en el mundo han acompañado la historia misma de la humanidad como un sello indeleble. Colectivos humanos que dejan atrás esa patria que los aplasta, los persigue, los hambrea y les alza tantas veces ante los ojos una desbordante opulencia. Con la ñata contra el vidrio, los bienestares de los detentadores de derechos pasan ante los propios ojos con la ostentación de los poderosos. Fronteras adentro y fronteras afuera de la propia tierra los desarrapados se elevan con celeridad a la categoría definitiva de “los otros”. Un informe estadístico de la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense concluyó que los pobres y los inmigrantes son víctimas de la discriminación en mucha mayor medida que los homosexuales o los enfermos de sida. Encabezan la lista los pobres, con el 67,5 por ciento seguidos por los inmigrantes de naciones limítrofes, con el 48,9 por ciento. Aunque a la hora de medir incidentes concretos el 28,8 por ciento fueron las discriminaciones por el color de la piel; el 27,5 por ciento, por xenofobia y el 21,2 por ciento por nivel socioeconómico. Mucho más abajo en la pirámide aparecen las conductas segregatorias hacia discapacitados, homosexuales y portadores de Hiv. Cuando Ricardo Bucio Mugica, presidente de la Comisión para Prevenir la Discriminación de México, decía que “la discriminación es una práctica social excluyente que ha sido construída histórica y socialmente” ponía el eje de su mirada en esa categorización entre “nosotros y los otros”. Categorización en la que cabe de lleno la definición de la antropóloga Dolores Juliano cuando plantea que “a todos 1os grupos subalternos se les ofrece la misma falsa disyuntiva: integrarse en la cultura dominante, transformándose en malas copias o mantener su especificidad al precio de la desvalorización. Esto es inevitable si no se cuestiona la premisa mayor implícita: la validez más elevada de 1os logros culturales de la sociedad receptora”. El gran interrogante, sin embargo, radica en las responsabilidades del poder en la construcción de esos “enemigos” sobre los que habrá que hacer caer no sólo el peso agobiante de “la ley” sino además en el abono de la mirada de recelo y sospecha de los que todavía “pertenecen”. Cabe analizar los discursos del poder que propiciaron históricamente la identificación de pobres con delincuentes. Durante los devoradores años 90 hubo varios gobiernos provinciales que ofrecían a comitivas de desocupados el traslado a otras provincias con promesas vanas de trabajo cosechas temporales en tren de combatir la “delincuencia”. Pero no es necesario ir tan lejos en el tiempo. Porque la mirada sistemática de soslayo que la infancia ha tenido y sigue teniendo tiene directa relación con su expuesta vulnerabilidad. No es casual que los chicos -más aún si son adolescentes- en situación de calle sean ubicados en la categoría de “potenciales delincuentes”. Si bien desde el territorio del derecho se insiste en negar la “criminalización de la pobreza” como práctica actual, sigue constituyendo delito dormir en las calles, asustarse y huir ante la llegada de la policía. Entonces ¿puede alarmarnos acaso que el 67,5 por ciento de los pobres sean discriminados o que también lo sean el 48,9 por ciento de los inmigrantes? Podríamos darle miradas sociales, políticas o económicas y también podríamos remontarnos a aquellas viejas prácticas de extranjerizar al nativo que tan bien ponían en práctica los colonizadores de estas tierras. Pero también se podría hacer un salto al 2000 y a aquella tapa de “La Primera”, la revista que dirigía Daniel Hadad, en la que se leía como título central “la invasión silenciosa” sobre la imagen de un joven morocho, de cabello renegrido, labios anchos y desdentado, con una bandera argentina y el obelisco detrás. Y en la que se publicaban frases como “el nuevo inmigrante sería como un insecto invasor y depredador”, “hoy utilizan nuestros hospitales y escuelas, toman plazas y casas, ocupan veredas, y les quitan el trabajo a los argentinos”, “llegan a Buenos Aires a punto de parir y dan a luz en un hospital público” o “como los peruanos comen parados, parte de la comida cae sobre la vereda”. Y, sin ir tan lejos, se podría viajar en el tiempo a las tomas de tierras en el Parque Indoamericano y al jefe de gobierno, Mauricio Macri, diciendo que la semilla de todos los desmadres arrancaba con la “inmigración desenfrenada”. Y refrendado luego en las coberturas periodísticas: en Canal 9 se utilizó la palabra “intrusos” de “varios de los ocupas, habitantes de la Villa 20 que en gran parte son oriundos de países vecinos”; en Radio Mitre, una periodista planteó que “estoy de acuerdo con que en la Argentina hay una inmigración desenfrenada. Y me hago cargo de lo que digo: acá hay inmigración de baja calidad”. O, en 2009, a las tierras de Gustavo Posse mientras hacía construir un murallón que frenara “la acción delictiva” de los que vivían más allá del bienestar de los incluidos. Pobres, inmigrantes, desclasados, excluidos, expatriados, desterrados, expulsados, descartados, relegados, olvidados, perseguidos, vapuleados, segregados, abandonados, vulnerados. Son los condenados de la tierra. Los que no tienen. Los que no poseen. Los que no tienen derecho a reir desmedidamente hasta que el estómago duela de felicidad. Los que persiguen los gobiernos y despechan los integrados. Los que no tienen y golpean las puertas que separan sus pasos de la lejana patria de la dignidad.

sábado, 1 de enero de 2011

villa Soldati 2

APe).- Balas de plomo, itakas, disparos desde el puente hacia la villa 20 de Lugano y en Soldati. Violencia asesina de sueños y de ternuras que intenta talar toda semilla, aún antes de que asome y tome vuelo colectivo.

En el Parque Indoamericano los punteros vendían lotes por 900 a 3000 pesos. Decenas de desesperados sin casa, sin tierra, sin espacio para vivir pero vivos pagaron o firmaron pagar. El 90 por ciento no llega a la canasta familiar en el sur de la ciudad. Ni cerca.

Al parque con nombre de América india, de América fuego y río, no va nadie: está descuidado, los pastizales tienen la libertad del crecimiento infinito y al costado la Federal expone su cementerio de autos secuestrados. Allí les prometieron casas desde hace años.

En poquitas horas el Parque lleno de ratas, charcos podridos y desidia se llenó de gente. Traían los techos bajo el brazo y la Justicia demoró apenas minutos en ordenar el desalojo. En segundos la Policía Federal, la Metropolitana y la Guardia de Infantería entraron con armas, carros hidrantes, patrulleros y bota fuerte. Murieron “El Gallo” Bernardo Salgueiro y Rosamery Puña, una vecina boliviana de 28 años. Hay decenas de heridos. Una nenita de dos años tiene un balazo en el cuerpo. Wilson Fernández Prieto, cuñado de “El Gallo”, pelea por su vida en el Piñeyro.

El joven paraguayo vivía en la villa 20 con sus 18 hermanos. Era albañil. La mujer boliviana salió a ver qué pasaba. La bala la atravesó en el costado.

Las policías entraron al parque equipados como para repeler la invasión de un ejército enemigo. Mataron y llevaron detenidos a decenas de hombres y mujeres a la Comisaría 36.

Aunque el ministro de Espacio Público del gobierno porteño, Diego Santilli, había asegurado que el “operativo de desalojo había terminado bien”, que “no se habían producido incidentes graves”.

La tierra es ancha, se dobla con el horizonte. Y generalmente es ajena. Miles. Decenas de miles no tienen ni tendrán espacio en la tierra. La tierra es sueño. La tierra es futuro. Es pie seguro y es techo. Construir futuro es edificar un lugar en el mundo. Lo saben los qom formoseños. Lo sabe Mariano Ferreyra. Lo saben los excluidos de Soldati.

Cuatro muertos en un mes y medio. Cuatro balazos contra los que asoman de vez en cuando de los confines de la noche a la que fueron expulsados.

La muerte es la herramienta más eficiente para re-encender el silencio.

NR: artículo tomado de Agencia de Noticias Pelota de Trapo

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